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12 de octubre de 2016

El reflujo puede ser un enemigo silencioso


Tengo acidez" es una expresión usada comúnmente cuando es ingerido algún alimento (o existe alguna condición biológica) que genera una respuesta fogosa o de ardor, cuando el cardias (especie de válvula entre el estómago y el esófago) se relaja, dejando pasar los ácidos gástricos que actúan sobre la comida durante su desnaturalización. Esta sensación se debe a que órganos como el esófago están conformados por tejidos que no son resistentes -como sería el estómago- a este tipo de secreciones, causando el malestar.

"El reflujo es un contenido que viaja en sentido retrógrado. Lo seres humanos tenemos un esfínter inferior y uno superior. Estos deberían estar apretados, prácticamente cerrados. Entonces se presentan condiciones para que el esfínter esofágico inferior se relaje (como la dieta o el estar acostado) generando el movimiento hacia atrás del contenido gástrico", explica la doctora Johanna Sembergman.

Ahora imagine que este reflujo no causa la sensación de quemado y alcanza la garganta y la laringe. Esto se denomina reflujo laringofaríngeo o reflujo silente, pues con frecuencia quienes lo padecen no logran percibir que los jugos gástricos llegan a estos espacios del cuerpo, causando incomodidades que, realmente, no parecerían estar relacionadas con reacciones estomacales, pero sí.

Ácidos trabajando
Según lo publicado por el Centro Médico de la Universidad de Washington, 60 por ciento de las personas que padecen de reflujo laringofaríngeo no manifiestan ningún síntoma de regurgitación ni indigestión, lo que, obviamente, alejaría a los pacientes del gastroenterólogo, presentando síntomas más relacionados con la otorrinolaringología.

Según la otorrinolaringólogo Sembergman, entre las señales más frecuentes de este padecimiento están la ronquera crónica, la necesidad de aclarar la garganta con frecuencia (disfonía), el dolor de garganta acompañado con cierta reiteración por la dificultad para tragar, secreciones nasales y de garganta, tos seca, sensación de comida adherida a la parte posterior de la faringe y episodios de asfixia. En el caso de los niños (y algunos adultos) también son síntomas constantes dolores de oído y otitis a repetición.

El diagnóstico de este padecimiento no siempre es sencillo por lo que los médicos recomiendan acudir al especialista al percibir los síntomas de modo que el doctor practique los estudios endoscópicos necesarios.

Los exámenes más especializados que determinarían si se tiene la enfermedad son: ¿ El control del pH/impedancia. Consiste en tener una sonda por 24 horas que estará conectada a una pequeña computadora portable para establecer cuándo y por qué la acidez se hace presente.

- La manometría. "Para esta se coloca un tubo pequeño a través de la nariz, dentro del esófago. Luego se le pedirá al paciente que trague agua", indica la especialista. El examen mostrará la fuerza y el cronometraje de su deglución.

- Por último, la deglución de bario. A través de un aparato de rayos X puede verse el comportamiento de la laringe y del esófago, cuando el paciente ingiere un líquido blanco especial.

Aniquilando al enemigo suavemente
Conforme a la experta consultada, el tratamiento de este tipo de padecimientos es medicamentoso. Igualmente, como esta enfermedad está relacionada con dos especialidades médicas, los versados en el sistema gástrico exponen, de su lado, la necesidad de tratar la enfermedad con medicinas que disminuyen el ácido y, obviamente, indican cambiar la dieta, evitando alimentos que provoquen el desorden. Según la Academia de Nutrición y Dietética de Estados Unidos, los alimentos problemáticos para presentar reflujo son: el alcohol, la cafeína, la menta, el picante, los cítricos (sobre todo la naranja), el té y el chocolate. "La dieta y las medidas adicionales son tan importantes como las medicinas". En el caso de pacientes con este tipo de molestia es importante, en vez de ingerir tres comidas al día, cambiar las porciones por unas más pequeñas y hacer entre cinco y seis comidas. Es aconsejable disminuir el consumo de lácteos, después de las 7:00 de la noche, y evitar las grasas. También es imprescindible cenar y no acostarse: se exhorta a no dormir entre dos a tres horas próximas a las comidas y mantenerse erguidos, lo que ayuda mecánicamente a que el reflujo no alcance las zonas problema.

Igualmente, algunos especialistas señalan que en la noche, al dormir, los pacientes con reflujo silente busquen acostarse con la cama elevada. Es decir, colocando, por ejemplo, libros debajo de la cabecera del mueble para lograr subir el cuerpo. También existen muebles y colchones previamente fabricados para condiciones similares. Expertos señalan que al subirse el torso con almohadas se ocasionan problemas en el cuello y la compresión del estómago.

Otras recomendaciones están relacionadas con evitar ropas ajustadas y fajas que compriman ciertos órganos, aún más cuando se está en reposo.

En casos graves, el Centro Médico de la Universidad de Washington señala que la cirugía es una opción no descartable. La misma es para colocar una válvula que impediría el paso de reflujo y que provocaría alivio por años, aunque debe señalarse que aún no es una intervención definitiva.

Coordenadas: Johanna Sembergman: @otorrinodoc

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