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    6 de agosto de 2017

    MISIÓN CONSTITUYENTE. Se instala en Venezuela la ANC con una derecha extraviada

    Resultado de imagen para profesor jesus alejandro marcano

    Era 1810 y en la Capitanía General de Venezuela un grupo de personas veían el momento crucial para materializar parte de una lucha, de unos proyectos que tenían en los conceptos de independencia y libertad, la posibilidad de construir la sociedad del pequeño género humano de esta latitud, pues aprovechar la situación de la invasión napoléonica a España, para debatir los derechos de Fernando VII, las colonias de su imperio y la calma de trescientos años de opresión se habían presentado y puesto a andar con aceleración de los acontecimientos que provocó y concretó la tercera constitución moderna. Ahora con sello en Venezuela en el año de 1811, necesario fue la constituyente que generó el gran quiebre de la monarquía y la construcción de la república.
    El  Congreso Constituyente  convocó sin que en la legalidad monárquica hubiese artículo alguno para su iniciativa, para su convocatoria o ejecución; pero los hechos de 1810 desencadenaron el Reglamento de Elecciones, que dictó el 11 de junio de 1810 la Junta Suprema de Venezuela Conservadora de los derechos de Fernando VII, redactado por Juan Germán Roscio.
    Al acta del 5 de julio le vino la aprobación de la Constitución por 37 diputados representantes de las 7 provincias confederadas: Barcelona, Barinas, Caracas, Cumaná, Margarita, Mérida y Trujillo el 21 de diciembre de 1811 . Luego de ocho (8) años vendría la Constitución de 1819 con gran influencia de nuestro Libertador, denominada como “Constitución de Angostura”. Tres (3) años más tarde,  la Constitución de 1821, que promulga Bolívar luego de la Batalla de Carabobo. Nueve año más tarde, un nuevo proceso constituyente para la constitución de 1830 que materializa jurídicamente lo que políticamente era un hecho, la separación de Venezuela del proyecto bolivariano de la Gran Colombia.
    Desde allí, el teodolito de la política nos muestra los ángulos sociopolíticos del combate histórico que se libra en todo lo que ha sido  la periodización histórica del país. Importante para esta comunicación será  lo que se denominará la cuarta (IV) República y los empujes sociales y políticos para instalar la quinta (V), inspirado en Bolívar y en todo su proyecto inconcluso, los poderes creadores del pueblo, nuestros ancestros, es que hoy, 2017, esto es, 207 años después de los acontecimientos de abril de 1810, se dirime este combate histórico, con todas sus fuerzas huracanas, telúricas en el contexto del imperialismo más poderosos de la historia como enemigo principal a vencer.
    Por ser esta una reflexión en el campo político-jurídico a propósito del proceso constituyente que vivimos, como resulta del combate por la historia que la dignidad de nuestro pueblo iza con grandeza y apresto como bandera, limitaré forzosa y puntualmente este artículo.
    La constituyente es un fenómeno esencialmente político para rehacer jurídicamente la arquitectura institucional del estado y obrar en los cimientos de la sociedad, para acelerar y desencadenar los acontecimientos como deriva de quiebre, de lo que hasta el momento se había aceptado como normal (cultural, político, ético, económico, social) en el imaginario colectivo.
    De allí que, en este campo  en Venezuela, cinco momentos son necesarios en la expresión, quiebre, ruptura y desenlaces:
    1811, 1830, 1999. Tres cartas fundacionales producto de su fuerza política dadas en el combate por la historia; con la primera, la fundación de la república, la independencia política y la opción de irradiar la libertad a todo un subcontinente para redefinir el bien conquistado de la independencia; con la segunda, la Venezuela separada de la Gran Colombia y una larga historia, para un país que pasa a jugar un papel de satélite proveedor en el capitalismo periférico, condenado a la dependencia; con la tercera, la refundación para propiciar un mundo multicéntrico desde el ideal bolivariano que vino a significar  el antimperialismo y las innovadoras formas de organización social cristalizadas en las comunas como unidades geohumanas que desafían el proceso fundamentalista de la lógica del capital.
    Cinco momentos  constitucionales definen el estado venezolano:
    1.   1811: Se institucionaliza la República.
    2.   1864:  Estado Federal;
    3.  1901: Estado autocrático centralizado.
    4.. 1947 Estado democrático centralizado.
    5.- 1999,  Estado democrático, social de Derecho y de Justicia. Con una República refundada como Bolivariana.
    Cincuenta y cuatro años (54) entre el primer y segundo momento, treinta y tres años (33) entre el segundo y tercer momento, cuarenta y seis (46) años entre el tercer y cuarto momento y cincuenta y dos años (52) entre el cuarto y quinto momento. Similares ciclos cronológicos de definiciones y redefiniciones de las características del Estado venezolano.
    Pero son dos los grandes momentos, que por las rupturas que logra y las posibilidades que permite para el accionar revolucionario llevan a desenlaces y a batallas que se libran interna y externamente de acuerdo a las condiciones de posibilidad de la hora; hoy la república como en el crono posterior-reciente a 1810 vive tiempos azarosos, emergentes, desafiantes; en aquel entonces, a José Felix Ribas lo decapitan así como a muchos patriotas, generando el dantesco panorama que logran los sectores conservadores cuando ven que sus intereses entran en peligro por la fuerza arrolladora de la historia.
    Tiempos de quiebres estructurales  de la arquitectura de las relaciones sociales nuevamente presenciamos, con la participación y el protagonismo que constitucionalmente vivimos, como hace dos centurias, la República se consolida o cae en el infierno del capital, que no reconoce la condición humana sino el consumo.
    Son los momentos  1811 y  de 1999 los que permitirán en la definición del tipo de sociedad, dar las banderas necesarias para el aceleramiento social y cristalizar los ideales del combate por la historia nuestra. Lo otro sigue siendo el panfletario e irresponsable libreto que los enemigos históricos, en el marco de los mantuanos hasta la parasitaria burguesía importadora y compradora, y sus serviles lacayos de ayer y hoy, con los tiratuallas de todos los momentos, se han  prestado y se prestan consciente o inconscientemente, a intentar parar la magnitud histórica que agencia la razón de cambio que anida en los sujetos de transformación que constituye la nación venezolana.
    El comandante Chávez fue el gran interprete y accionador con la fuerza del pueblo de este combate histórico que se libra, el triunfo electoral presidencial de Hugo Rafael Chávez Frías el  domingo 06 de diciembre de 1998 con el 56.20% que representó en votos, la cantidad de  tres millones seiscientos setenta y tres mil seiscientos ochenta y cinco (3.673.685)  de  los seis millones quinientos treinta y siete mil trescientos cuatro votos sufragados  (6.537.304) como válidos de los once millones trece mil veinte (11.013.020) personas mayores de edad inscritos del padrón electoral, con una abstención para el momento del 36,55% equivalente a cuatro millones veinte y cuatro mil setecientos veinte y nueve (4.024.729) personas, esto es, votó el 63% de quienes tenía la obligación y el deber según la constitución vigente de ese entonces, la de 1961, pero que con esto quedaba claro que era un carta moribunda a la que poco importaba obedecer.
    En esa carta no se establecía constituyente ni referendos, y el presidente ganador, Hugo Rafael Chávez Frías, había prometido en su oferta electoral llamar a una constituyente para refundar la patria, pués, no se trataba sólo de un maquillaje a la usanza de la república de 1830 a 1999, república de pactos de élites para convivir, dejando en la exclusión a los vastos sectores sociales, marginados, el pacto de Punto Fijo, los pactos tripartitas son expresiones de esa república que este proceso político que se inauguro con la puesta en escena de la revolución bolivariana sepulta. De allí que el presidente se adelanta a cualquier interpretación“Juro delante de Dios, juro delante de la Patria, juro delante de mi pueblo, que sobre esta moribunda Constitución impulsaré las transformaciones democráticas necesarias para que la República nueva tenga una Carta Magna adecuada a los nuevos tiempos. Lo juro”
    La promesa electoral de Chávez tenía que abrir nuevamente frentes de lucha, pues en la constitución de 1961 sólo permitía dos cauces formales para su modificación, ninguna implicaba alteración en su estructura: (i) la enmienda, y (ii) la reforma, (artículos 245 al 248 de la Constitución de 1961).
    Inteligentemente se acudió al andamiaje jurídico vivido en Venezuela a partir de 1983 con la conformación presidencial de la reforma del estado, donde leyes derivadas dejó la grieta por la cual asir y asumir desde ellas un referendo, y así con la figura del referendo consultivo prevista en el artículo 181 de la Ley Orgánica del Sufragio y Participación Política de 1997, el presidente activó en Consejo de Ministros la iniciativa para “convocar la celebración de un referendo con el objeto de consultar a los electores sobre decisiones de especial trascendencia nacional”.
    La Corte Suprema de Justicia de ese entonces hizo todo lo posible por no dar posibilidad a lo que era exigencia política del momento, la política se impone, principio chavista que desde entonces va a recorrer todo nuestro combate histórico y que hasta hoy, 2017, los resultados le siguen dando la razón.
    Mediante el Decreto número 3 (Gaceta Oficial 36.634 de 02 de febrero de 1999) se establece;
    Artículo 1º: La realización de un referendo para que el pueblo se pronuncie sobre la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente.
    Artículo 2º: El Consejo Nacional Electoral ejecutará los actos necesarios para divulgar el contenido de la propuesta de convocatoria, invitar a los ciudadanos a participar en el referendo y realizar el escrutinio del acto de votación.
    Artículo 3°: El instrumento electoral contendrá las siguientes preguntas que serán contestadas con un “si” o un “no”:
    Primera: ¿Convoca usted una Asamblea Nacional Constituyente con el propósito de transformar el Estado y crear un nuevo ordenamiento jurídico que permita el funcionamiento efectivo de una Democracia Social y Participativa?
    Segunda: ¿Autoriza usted al Presidente de la República para que mediante un Acto de Gobierno fije, oída la opinión de los sectores políticos, sociales y económicos, las bases del proceso comicial en el cual se elegirán los integrantes de la Asamblea Nacional Constituyente?”.
    La derecha en Venezuela embistió con sus permanente argumentos, a saber:
    (i) convertir el referendo revocatorio en una suerte de referendo decisorio o plebiscito, no puede ser aceptado (ii) Viola la constitución, (iii) Es legalizar la dictadura, (iv)  Va a sustituir la Constitución de 1961 a través de un mecanismo no previsto, (vi) y otros,.
    El 25 de abril, el Consejo Supremo Electoral de entonces celebra el referendo consultivo acerca de la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente.
    Con una participación de cuatro millones ciento treinta y siete mil quinientos nueve (4.137.509) electores, y una abstención del 62.2%, los votos a favor del “sí” fueron de 92,4%, mientras que los votos a favor del “no” fueron de 7,6%.  el país decidió y se  pronunció a favor de la convocatoria a una ANC impulsada por Chávez y todo el movimiento social que lo acompaña.
    Conforme a lo dispuesto en las “bases comiciales” que había propuesto el Presidente, a la ANC había que elegir un total de 131 miembros, de los cuales 24 corresponderían a la circunscripción nacional, 104 se elegirían de 24 circunscripciones regionales y 3 serían electos como representantes de las comunidades indígenas. El 25 de julio se realizaría la elección de los miembros de la ANC, con una abstención de 53.7% de los electores.
    Los candidatos que eran apoyados por el  Polo Patriótico sumaron un total de 65 % de los votos de los electores, obtuvieron un total de 125 de los 131 miembros a la ANC. Con ello se hizo después del gran diálogo nacional y toda una pléyade de propuestas y consultas la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela en diciembre de 1999.
    Necesario es aclarar que en la Constituyente de 1999 la beligerancia internacional fue algo más que nula, pues, como lo evidencia  el teodolito de estos 18 años transcurridos, en las primeras de cambio, esto es , lo que va de 1998 al 2000, creyeron que Chavez y el movimiento que lo acompañaba podrían ser vulnerables al confort político, a los egos del Yo conquisto, a las mieles de la traición al pueblo, como lo constata toda la experiencia vivida en la Venezuela que inauguró José Antonio  Paéz y otros en Venezuela en 1830, y Paula de Santander en Colombia en el mismo tiempo.
    Pronto se darán cuenta los panamericanista y la oligarquía, que el movimiento chavista vino haciendo pueblo y como para parafrasear  el manifiesto comunista, un fantasma recorre América  o más latinoamericanista, alerta que la espada de Bolivar desenvainada camina por América Latina.
    El teodolito político nos señala, que se activó en todo el siglo XXI  contra el experimento político más cargado de fuerza histórica en Venezuela, el de mayor calibre emancipador en toda la vida republicana, todo tipo de conspiraciones, golpes de estado, engaños y ocultaciones, saboteo petrolero, paros patronales, guerras de todas las generaciones conocidas, complot económico, bloqueo financiero; en fín, el descaro de hacer circular, la mercancía más pueril gooberiana del fascio; hacer de la mentira la más pulida y trabajada “verdad”.
    Seres zombies, programados del homovidens contemporáneo, de cortas miradas y efímeros pensamientos, son los superhéroes de quienes se oponen a este engranaje histórico, vende patria por no tener conciencia de ella, acaramelados en horizontes alienados del imaginario holliwolense de vida, descontextualizados del ser pertenecientes a una realidad del género humano que nos advertía Bolívar en su Carta de Jamáica, desclasados y sin sentir que es de un territorio que ha forjado una identidad y construido una conciencia histórica que sujeta para liberar.
    Ante todo este acoso, asedio, ante la política descarada de injerencia del imperio norteamericano por los recursos del subsuelo venezolano y sus secuaces “perros simpáticos” en la OEA, y la europa decadente, que buscaron impedir el diálogo entre los sectores  y en consideración de construir la paz como la única alameda por donde podría seguirse construyendo la arquitectura de vida social de los  venezolanos, es que el día de los trabajadores, el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, el obrero presidente Nicolás Alejandro Maduro Moros toma la iniciativa, tal cual lo establece el artículo 348 de la Constitución de la República bolivariana de Venezuela, de llamar a una Asamblea Nacional Constituyente.
    Nuevamente la incoherencia propia de la derecha hace su entrada en el escenario de la beligerancia comunicacional y desarrollan, activando todos los dispositivos de guerra, desconocer el proceso constituyente, para ello, los lacayos y tiratuallas se alinean, los siempre tarifados en escena, nuevamente tiempos de definición, tiempos de corajes y de combate.
    El tribunal Supremo de Justicia sentencia de la siguiente manera; que, “De tal manera que, el artículo 347 define en quien reside el poder constituyente originario: en el pueblo como titular de la soberanía. Pero el artículo 348 precisa que la iniciativa para ejercer la convocatoria constituyente le corresponde, entre otros, al ‘Presidente o Presidenta de la República en Consejo de Ministros’, órgano del Poder Ejecutivo, quien actúa en ejercicio  de la soberanía popular”.
    En el contexto de desacato de la Asamblea Nacional y su última jugada, que fue buscar crear poderes paralelos, aunado a sus seguidores convertidos en un sector totalmente fuera de si; seres zombies, programados del homovidens contemporáneo, de cortas y nubladas miradas con efímeros pensamientos, superhéroes que se oponen a este engranaje histórico ya narrado, vende patria sin conciencia, acaramelados en horizontes alienados del imaginario holliwolense de vida, descontextualizados del ser pertenecientes a una realidad del género humano que nos advertía Bolívar en su Carta de Jamáica, desclasados y sin sentido del territorio que ha forjado la identidad y construido una conciencia histórica que sujeta para liberar, activan su plan terroristas a su mayor intensidad, con crueles asesinatos, paramilitarismos y dantescos episodios de piromanía, para lo cual la Asamblea Nacional debe asumir una comisión que haga justicia de tan aterrador, catastrófico, espantoso, espeluznante, impresionante, infernal, pavoroso panorama.

    La derecha extraviada no encuentra como hacer oposición, el terrorismo la ha arropado y con ello matan la política, la crítica, la coherencia, el diálogo, la fuerza de la palabra, del homoparlante,  lo que nos diferencia de los animales según la máxima aristotélica, al mismo tiempo que, la fuerza de la historia sigue dando pasos en la construcción de la patria libre, independiente y soberana. La constituyente va y la derecha extraviada.

    Jesús Alejandro Marcano Fernández

    marcanofernandez@gmail.com

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